miércoles, 2 de marzo de 2016

Cenizas - Ilsa J.Bick

"Un libro de zombis sin zombis"




Una joven sale de acampada en solitario a unas montañas remotas. Allí encuentra la compañía de un abuelo y su nieta, una niña rebelde. Apenas llevan unas horas juntos cuando son testigos y víctimas de un fenómeno extraordinario, una explosión de radiación electromagnética que acabará con la vida del anciano. Además, observan que todos los dispositivos electrónicos que llevan han quedado inutilizados.
En su camino para buscar ayuda descubrirán que no solo hay víctimas mortales, hay otras personas que han cambiado: son como bestias que devoran todo lo que se mueve.

No suena muy original, son zombis al fin y al cabo, aunque con sutiles diferencias: el mal no se propaga por contagio, es un daño causado por esa extraña explosión, y solo afecta a un rango de edades. Hay pasajes demasiado familiares, como el padre que tiene encerrada a su hija, con la esperanza de encontrar una cura en algún momento.

La primera mitad de la obra, sin mostrar nada nuevo, mantiene la tensión narrativa, el lector necesita saber cómo evoluciona la aventura: qué se encontrarán, quién es ese joven que les salva la vida, el suspense por posibles nuevos ataques, qué ha quedado de la civilización.

Sin embargo, con la separación forzada de los protagonistas, el guion pierde fuerza y credibilidad. 
Ella llegará en solitario a un poblado donde de nuevo veremos reminiscencias de la conocida serie: barricadas, control de acceso y vigilancia, reglas bien establecidas, con un gobernador y lugartenientes. Cada uno tiene un papel claro: vigilancia y defensa, búsqueda de víveres, colaborar en el hospital... 
En general es poco creíble que a solo dos meses del desastre se haya establecido y aceptado un modelo así, tan extremo como que a las jóvenes que encuentran las privan de libertad y les asignan marido a la fuerza. Se respira el acostumbrado aire medieval de los mundos apocalípticos del género. No hay ni rastro del ejército, que algo habría hecho por mantener el control.

Que el argumento sea más o menos convincente es algo subjetivo. Pero es más grave la lentitud que adquiere la obra en el nuevo escenario. Recluida allí, la joven vive en la seguridad de la comunidad, trabajando y conociendo a sus gentes. Aparecen de sopetón demasiados personajes y las relaciones humanas aburren, es todo muy demorado.Ya no hay tensión por los posibles ataques de Cambiados. Solo interesa lo que va descubriendo, los secretos y normas del poblado, o la idea de huir que se va gestando en su mente.
En el acto final, cuando se empieza a animar, termina.


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